Dando puntadas

Los traductores literarios



traductores literarios

Auténticos autores, grandes desconocidos

 

Hoy es el Día del Libro. ¡Y el de la rosa! Lo sé, no hay que buscar un pretexto para regalar libros ni para regalar flores, pero como he crecido con la leyenda de Sant Jordi, me gusta mantener esta tradición.

En el Día del Libro se conmemora la muerte de Cervantes. Y de Shakespeare, según el calendario que consultes, ya sabes.

La traducción literaria no es mi especialidad, pero no quería dejar pasar la oportunidad de dedicar un artículo a los traductores literarios, responsables de acercar aventuras, dramas, emociones, historia, cultura y tradiciones a los lectores de otros países. Para ello, he contado con la ayuda de una gran amiga y profesional de la traducción, como es Inmaculada Serón Ordóñez, traductora especializada en economía y finanzas y localización, docente e investigadora de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.

Quizás te suene su nombre porque hace unos años descubrió una traducción inédita de Hamlet por León Felipe. O por un plagio cometido por un conocido escritor español que descubrió al hacer su tesis doctoral. En esta tesis, sobre las traducciones de Shakespeare, Inma analizó dieciséis traducciones de la comedia Twelfth Night (Noche de Reyes).

 ¿Quieres saber más? Sigue leyendo, Inma te lo cuenta.

foto de Inma Serón, traductora

Inmaculada Serón y los expertos en Literatura y Traducción Dirk Delabastita (izda.) y Lieven D’hulst (dcha.), en el Centre for Translation Studies de la Universidad Católica de Lovaina.

El enfoque de la traducción determina la visión del lector sobre el autor

Una de las conclusiones que saqué de este análisis de las traducciones de Twelfth Night fue que las traducciones de la obra de Shakespeare, al ser tan distintas entre sí, pueden determinar la visión del lector del original. Algunas de estas diferencias son:

Seis de las dieciséis traducciones que analicé en mi tesis doctoral tenían como autores a traductores de los que solo se conocía, o prácticamente solo se conocía, su nombre, a pesar de que la mayoría de ellos había traducido numerosas obras de Shakespeare. Tratando de averiguar quiénes eran, en una lenta búsqueda doctoral por catálogos de bibliotecas, prensa histórica, listines telefónicos e incluso redes sociales, descubrí no solo que el supuesto Rafael Martínez Lafuente, que firmó una colección de nada más y nada menos que 35 obras publicadas en 1917-1918, era en realidad el novelista Vicente Blasco Ibáñez, sino que, como reflejó la prensa, había reunido, revisado y presentado como nuevas más de treinta traducciones antiguas (¡solo dos de las traducciones de la colección eran nuevas!).

También descubrí a traductores con una irrefrenable pasión por las letras, como Jaime Clark y Jaime Navarra Farré.

De la pasión por los libros y la traducción de Shakespeare: unas palabras acerca de Jaime Clark y Jaime Navarra Farré

La pasión de Jaime Clark y Jaime Navarra Farré por la literatura permitió a muchos españoles leer obras de Shakespeare en la lengua de Cervantes.

Jaime Clark (1844 – 1875) puso a disposición del pueblo español diez dramas (Obras de Shakespeare [sic], 1873-1874) traducidos al castellano desde el inglés en un momento en el que solía traducirse a Shakespeare a partir de versiones francesas. Además, en este amplio conjunto de obras (sobre todo para la época) trató de respetar los diferentes estilos del dramaturgo, haciendo una traducción en verso, y ofreció por primera vez en nuestra lengua Much Ado About Nothing (Mucho ruido y pocas nueces). También hizo la primera traducción directa del inglés de cuatro o cinco dramas. Todo ello en lo que fue el primer gran intento de traducir todas las obras de Shakespeare al castellano desde la lengua de origen.

Clark nació en Nápoles, de familia inglesa (su nombre de pila real era James). A los 17 años, se trasladó a Alemania para, por deseo de su familia, cursar estudios de Ingeniería Mecánica. Allí conoció a estudiantes españoles y rápidamente aprendió castellano. Con 20 años, se trasladó a España, donde escribió en periódicos y revistas (noticias internacionales y sus propios poemas en castellano) y tradujo, además de a Shakespeare, poesía alemana. Su temprana muerte, con solo 31 años, truncó sus pretendidas obras completas de Shakespeare, pero Clark era ya por entonces una referencia en las letras españolas.

portadas de libros de Shakespeare

Noche de Reyes y Mucho ruido y pocas nueces, dos obras de Shakespeare que podemos leer en español gracias a los traductores literarios.

Jaime Navarra Farré (1906 – 1999) tradujo al castellano doce dramas (1970-1972), en prosa (a excepción de los breves pasajes versificados con rima —y no solo metro— del original, como las canciones). Su colección, que también pretendía ser completa y quedó truncada debido a asuntos editoriales, se reimprimió y reeditó en numerosas ocasiones en las décadas de los 70 y 80, y ha continuado reeditándose hasta el siglo actual.

Navarra Farré acudía desde niño cada domingo al mercadillo de Sant Antoni de Barcelona para volver con un libro nuevo. Pese a ser delineante de formación, trabajó toda su vida en la cerrajería de su padre. Su gran pasión por la literatura lo llevó a aprender de forma autodidacta inglés, alemán, italiano y esperanto. A los 60 años de edad abandonó el negocio familiar para dedicarse a la escritura y la traducción. Además de sus traducciones de Shakespeare, entre otras traducciones técnicas y literarias, escribió obras originales que no llegaron a publicarse. Quizás por este motivo Jaime Navarra Farré nunca llegó a ser conocido.

Como puedes ver, hay mucho más detrás de un libro que una historia. Con estos apuntes, Inma ha intentado reconocer y poner de relieve los esfuerzos de dos auténticos apasionados de la literatura. Y yo creo que lo ha conseguido.

¡Feliz Día del Libro y hasta la próxima entrada!

Alicia




Alicia González, traductora de español

Alicia González López

¡Hola! Me llamo Alicia y soy traductora especializada en localización de software, páginas web, comercio electrónico y marketing. Tras 15 años trabajando para otros, me lié la manta a la cabeza y en 2016 fundé mi propia empresa, Prêt-à-translate. Igual que el mismo vestido no sienta bien a dos personas, la misma traducción no vale para todo. ¡Viva el contexto!
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